Bob Dylan reveló que el miedo al antisemitismo lo llevó a cambiarse el nombre

Diario Judío México – Llevamos décadas asumiendo que  se llama así en homenaje al poeta Dylan Thomas, pero el propio músico ha desvelado que no es exactamente así. O mejor dicho, lo desvela una vieja carta que guardaba su amigo y bluesman Tony Glover, con quien realizó varias entrevistas (algunas epistolares, otras en persona y otras por teléfono) en 1971 que no habían salido a la luz, y que ahora han sido publicadas por la revista Rolling Stone antes de salir a subasta el 19 de noviembre.

La relación de amistad permitió a Glover hacerle a Dylan varias preguntas que pocos periodistas se atreverían a formular si se les presentara la oportunidad de entrevistarle. Como por ejemplo qué sintió cuando le abuchearon en el Festival de Newport de 1965, y si es verdad que acabó llorando en el camerino. «No, yo no lloré. Fue Pete Seeger», contesta el artista. «En ese momento ya sabía que los del público eran una panda de cabrones y pensé: ‘¡Oh, olvídalo! (…) Para mí, fue solo una de esas cosas que pasan. Mi vida era así, los abucheos no importaban, ya sabes: un día estás arriba y otro abajo».

Pero lo más interesante es cuando Glover le pregunta por qué se cambió el apellido Zimmerman por Dylan, un asunto que parecía resuelto con la teoría de que quiso rendir homenaje al poeta Dylan Thomas. «Bueno, es que hay discriminación contra los judíos», contesta el músico. «Mucha gente tiene la impresión de que los judíos son simplemente banqueros, comerciantes y vendedores de relojes. Mucha gente piensa que los judíos tienen rabo, o se van a comer a tus hijas y ese tipo de cosas. Mucha gente piensa así, y hay que enseñarles las cosas de manera diferente».

Bob ahonda en la cuestión diciendo que el cambio le permitió «asumir un papel como el de Guthrie, con más carácter», y que así «no tendrían que recordarme cosas que no quería que me recordaran en ese momento. Tenía que ser lo suficientemente libre para aprender la música, ser lo suficientemente libre para aprender la técnica».

En su momento, Dylan ya explicó que su nombre artístico no era ningún homenaje al mencionado poeta. «No he leído demasiado de Dylan Thomas», confesó hace años en una entrevista. «No es que me viniera la inspiración leyendo una de sus poesías y me dijera «¡Ajá!» y me cambiara el apellido por Dylan. Si yo creyera que es tan grande, hubiera cantado sus poemas, y por la misma razón me hubiera podido cambiar el nombre por Thomas».

Pero entonces, ¿por qué Dylan? Después de un breve tiempo haciéndose llamar Elston Gunn, valoró presentarse con su nombre y su primer apellido: Robert Allen: «Sonaba como el nombre de un rey escocés y me gustaba. Reflejaba mi identidad», comentó al respecto. Después tuvo la tentación de cambiarlo a Robert Allyn, tras toparse con un saxofonista llamado David Allyn. «Sospeché que en realidad se apellidaba Allen, y que lo habría cambiado por Allyn porque resultaba más exótico e inescrutable. Yo haría lo mismo».

Ahí es donde entra el nombre del poeta, pero no como influencia literaria en la elección de su nombre, sino más bien puramente fonética. Leyendo algo sobre Dylan Thomas, cayó en la cuenta de que las palabras Allyn y Dylan sonaban parecido si se pronunciaban rápidamente. «No acababa de decidirme. La letra D tenía más fuerza. Sin embargo, el nombre Robert Dylan no era tan atractivo a la vista ni al oído como Robert Allyn». Pero de algún modo algo se conectó en su cerebro, porque días después de plantearse el dilema, al llegar a la ciudad de Saint Paul (Minesota), cuando le preguntaron quién era, contestó de forma espontánea: «». «No habría funcionado si hubiera cambiado el nombre a Bob Levy o Bob Johnston o Bob Donut. Quiero decir, no habría funcionado. Tenía que haber algo especial para llevarlo a esa dimensión adicional».

En sus entrevistas con Glover, que falleció el año pasado, Dylan ofrece otros minutos de oro al referirse a otras cuestiones, como su viaje iniciático a Nueva York haciendo autoestop («me recogieron dos jóvenes neoyorquinos muy amables» cuenta el músico… ¿aquellos muchachos sabrían después a quién llevaron a su destino?), o el episodio del anti-homenaje de Lennon en su canción «God», ya saben, esa en la que el ex Beatles enuncia todo aquello en lo que no cree. Una cuestión que atañe precisamente a su apellido real ya que uno de los versos decía: «I don’t believe in Zimmerman».

«Ese es su problema, no el mío», contesta de manera genial en su charla con Glover. «Bueno, a Lennon le gustan esas mierdas, como lo de quitarse los pantalones y cosas así, ¿sabes? Su disco habla sobre chorradas como esa, ¿a quién coño le importa?». Dylan parece cabreado al decir semejantes cosas sobre Lennon, pero hay que tomárselo como otra muestra de su ácido sentido del humor, porque en sus entrevistas con Glover reconoce sentir afecto por su colega británico, a quien por cierto, sí introdujo en la marihuana como decía la leyenda urbana, tal como explica en otro momento de estas conversaciones. , esas palabras. «Me fastidió mucho cuando Time hizo un artículo sobre él en el que le retrataban como un tontito», dice Dylan, que se enfadó aún más con el tratamiento que recibió el de Liverpool en televisión, en The Dick Cavett Show. «John y Yoko quedaron como unos idiotas, actuando como si tuvieran recetas de LSD para la paz mundial. No podía creerlo. Sentí ganas de tirarle algo a la televisión cuando terminó, ¿sabes? Me fui a la cama muy cabreado».

Añadir a favoritos el permalink.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *